
Dije que dedicaría un mes sólo para hablar de ella; pero les mentí. Es inevitable, si está siempre en cada uno de los pensamientos, sueños, señales, canciones, poemas que tengo y que veo. Este blog se ha quedado en ella, y nada más de lo que me pasa con ella.
No sé si han sentido alguna vez en sus vidas, que haces un catastro de tu vida amorosa y siempre sacas malas conclusiones. Y sí he tenido desilusiones, fracasos, pero no quiero tampoco darles esa lata. Bueno, la cosa es que ahora es todo distinto, cuando una mujer se aparece en tu ventana; te vuelves bastante baboso (pero en un buen sentido) es que es una exquisitez tener a una mujer a tu lado. No quiero tampoco decir que nunca he mirado mujeres, es natural; pero cuando la vi a ella, no quería que se apareciera nadie más en ningún segundo exacto de mi vida, sólo ella y su cara, ella y su aura, ella y su belleza, ella y su sonrisa, ella y su mirada, ella y su resplandor de luna llena. Y ahora, ahora que tengo el placer (ese que no todos han tenido) de poder verla más de cerca, me es irresistible acercarme sin tocarla (no hay de que alarmarse, es rico tocar la piel de otra persona, sobre todo si es de tu pareja).
Hoy sacaba conclusiones con un amigo, el amor nos hace bien; nos sube la autoestima; y hasta nos vemos mucho más atractivos (sobre todo para los que así a simple vista no lo somos) Y claro, mi amor me hace bien; me hace bien estar con ella; pues simplemente hay una palabra que lo define: FELICIDAD. Esa felicidad no la cambiaría por nada, ella me da todo para ser así. Y yo espero ser igual, dar todo de mí para que ella lo sea siempre. Y si alguna vez estuviera muy mal, no voy a suspender esta "actividad", no suspenderé hacerla feliz. Mi vida ha cambiado mucho, estoy más tranquilo, todo es más suave. Gracias amor, por hacerme bien. Mi amor.





