
Y sin planearlo tú acaso,
Como quién sin quererlo va y lo hace,
Te vi cambiar tu paso,
Hasta ponerlo en fase,
En la misma fase que mi propio paso.
Caminar, sólo caminar la tarde entera; el rumbo que el viento trace. ¿Te acuerdas que te dije, hacia donde nos lleve el viento? No puedo creer que aquellas palabras, tan simples, sencillas se concretaría en la metáfora más linda que pudo haber. Quizás, lo que nos quería decir aquella frase, simplemente era: "llevarnos a un camino donde el tiempo no tuviera horas, y el desenlace no llegara nunca". Y claro, así fue, estamos en un bosque donde los relojes se desaparecen, se derriten como "La persistencia de la memoria" de Dalí; se quedan ahí sin minuteros ni segundo; y todo lo de adentro, la pulpa de esta historia cada vez acrecienta intensamente.
Caminando tomados de la mano, tomando tu cintura, abrazados con los brazos en las espalda, tomando un café, tomando un helado. Todo lo elemental de la vida, se refleja allí, donde mi paso se acopla al tuyo. Y como dije en algún cuento por ahí, se forma un ostinato rítmico del cual nunca me cansaré y nunca dejaré de escuchar. Así como las gotas que van cayendo sobre nuestros rostros, aquellos días de junio-julio; con ese sabor a café y su espuma que gira como la espuma de tus besos sobre mis labios.
Caminemos amor, caminemos por los campos de oro; donde la luna se baña en espejos de cristales y las bandurrias con su laudes van cantando aquella melodía que tu sonrisa y tu hermosura demuestra. Y derrama en mis manos aquel aroma, que cada noche voy guardando en frascos que se conservan con la magia de tu ser. Caminemos siempre hacia el futuro, caminar sobre el mundo con tu mano.






