Cautivado por la bruma que pasa entre la luna y tu pecho, fui atrapado en tu encanto; en la luz de dos soles que abrigan, que entregan magia. Sonrisas que volaban, sonrisas que se entregaban al vuelo de los caballos agitados en el bosque. Que el galope nos lleve hacia ese viaje de olores y madera, de tierra mojada; de amor después de la lluvia, de amor después del agua.
Ahí nos encontraremos, como dos vecinos pidiéndose azúcar cada día que pasa, conversando el día entero, pero en realidad amándose el día entero. Jugando a ver los paisajes más hermosos; encontrando un laberinto de emociones que se camuflen en el viento de sueños temperados. Riéndonos en la espontaneidad, descansando la selva mediática; escuchando como el trinar de rosas van anunciando que pájaros van volando hacia el canto de una guitarra. Grillos que nos despertaran sobre las sábanas blancas, sobre el calor de la mañana.
Y el cielo celoso de nuestro galope, igual brillará del azul que tendrá. Como corazones que se dibujan en las nubes, en el aguacero rojo; disparando amor en los labios, besos en el amor. Así que el galope nos lleve, nos lleve lejos mi amor, donde mismo nos conocimos, sobre voces desiertas, donde miradas y sonrisas volaban... donde miradas y sonrisas volaban.

