Fui un "Principito", volando de mundo en mundo, encontrando maravillosas cosas en ellos; pero no encontraba lo que quería. Viajé mil leguas bajo un acuario de peces de colores; noctilucas que brillaban sobre la playa; pero no, no encontraba lo que quería.
Me paseaba con mi guitarra; mi única compañera hasta el momento, quizás si cantaba, aparecería lo que buscaba, pero no conseguía cantar con tanta fuerza, no estaba lo que me motivaba a hacerlo.
Y entonces caminé mil kilómetros, que me llevaron por laberintos sin salidas, por poemas sin latidos, por corazones sin rimas. Caminé y no bastaba. ¿Cuánto debía pasar para que al fin te encontrara? No lo sé, quizás me iba a tomar la vida entera; quizás lo haría más temprano de lo que me esperaba; quizás ya no te encontraría; quizás mi fe se estaba perdiendo, quizás no.
Dicen que: "cada rosa tiene su espina", pero qué dicho más maligno; cada rosa tiene su pétalo, su pétalo colorido, su hermoso pétalo. Y yo estaba buscando ese pétalo del cielo, esa estrella que brilla en la noche gris de esta ciudad. Hasta que por fin, sin esperarme nada, la encontré, ahí brillando; con su mirada fulgurante, su sonrisa eterna. Y yo no emprendí más viaje, sólo me quedé ahí, cantándole con mi guitarra. Soñándola, queriéndola, amándola, cuidándola... soñándola.

