Tus labios me sorprenden el día, como bebiendo agua de luna, sonriéndole a las flores; cuando el celeste de tu blusa me envuelve. Como corazón buscando chocolate en las nubes de tu pieza, escondiéndose en las infinitas sábanas de cariños, el regocijo del infinito regaloneo.
Banderas de sonrisa, enclavadas en la armonía de los besos: me llaman como caracoles al viento. Quiero hacer revolución como las hormigas, esas que recorren las espaldas para buscar un calor donde habitar.
Como estrellas camufladas en los latidos, siento las cosquillas gimiendo en tus mejillas, el rubor que me entrega tu mirada; el arco iris que tus manos pintan en mi pecho. Y el celeste de tu blusa me envuelve.

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